“Necesito estar con mis hijos”

El universo de Mariana Zuvic. Nació y vivió siempre en Santa Cruz. Tiene 41 años. Esta casada desde hace 20 con el empresario Eduardo Costa. Tienen dos hijos: Felicitas (13) y Carlos (19). Dejó Santa Cruz para radicarse en Buenos Aires porque no soportó más la violencia estructural de su provincia. Con más tiempo para su familia, replantea su vida personal. Su lucha contra la corrupción y el machismo.

Mariana Zuvic entra al bar del hotel y no pasa inadvertida: es linda, elegante.

Ahora vivo acá, me mudé en noviembre y traje a toda mi familia en enero.

¿Trajiste a tu familia de Santa Cruz a Buenos Aires con su aprobación? ¿Estaban de acuerdo?

No estaban de acuerdo. Ni mi marido ni mis hijos. Para Felicitas fue difícil y para Eduardo, también. Mi decisión fue muy dura, pero la entendió. Yo les planteaba que 2015 era la fecha tope: nuestros hijos la pasaron muy mal allá, nos expusimos mucho.

¿Qué llegaron a sufrir tus hijos?

Habían naturalizado muchas cosas y eso para mí fue una alarma. En Santa Cruz se corrieron todos los parámetros morales y culturales de lo que está bien, de lo que está mal, de lo que se debe o no hacer. La violencia es estructural. Vos pensá que son 25 años de kirchnerismo, ellos detentan el poder absoluto. Desde pintadas en Río Gallegos y en toda la provincia, panfletos, las tapas de los diarios, la radio… Nos exponían a mí y a Eduardo, a los dos. Por eso tomé la decisión de que mis hijos se criaran sin televisión ni radio. Parece una decisión rara aislarlos del mundo.

¿Y cómo tomaban ellos esas decisiones?

Muy bien porque tenían muchas actividades en lo cotidiano. La televisión estaba en el último piso, lejos: yo los intentaba preservar. Pero me di cuenta que los tenía en una burbuja. Nosotros tenemos una estancia allá y le saqué la señal para que no haya wifi ni teléfono, para estar tranquilos, aunque fuera los fines de semana. Tomé esas decisiones para protegerlos.

¿Esto cambió con el gobierno de Macri?

No, porque el kirchnerismo gobierna Santa Cruz. Todo se radicalizó. Lo que ustedes vivieron a nivel nacional está concentrado en la provincia: las características del kirchnerismo están exacerbadas allá, no hay límites de ningún tipo.

¿Cómo es la vida desde que están en Buenos Aires?

Allá éramos dos personas públicas, en un lugar muy pequeño. Acá tienen todas las herramientas de acceso a la educación, al esparcimiento. Disfrutan mucho, disfrutan su anonimato, sienten mayor libertad. Al mayor le fascina la música, toca la guitarra desde que se levanta hasta que se acuesta. Le gustan demasiadas cosas y a veces no sabe cuál encarar. Entonces le digo que se tome su tiempo. Le quedan dos materias del secundario. Para mí, la prioridad es que sean felices.

Felicitas, ¿extraña a sus amigas de Santa Cruz?

Sí. A Felicitas le está costando porque allá tenía muchas amigas. Es muy carismática, muy sociable. Y ahora está acá, volviendo a encontrarse. Tenía su grupo de pertenencia y está en una edad, 13 años, compleja.

¿Busca pelea con la mamá?

Sí, tenemos peleas. Tiene un carácter muy fuerte.

¿A quién habrá salido?

Es la vengadora, como decía mi mamá (risas). Es una nena que se hace notar donde esté. Es un cascabel, le encanta bailar, cantar, hablar. No tiene filtro, nació sin filtro. Literal. Lo que ella piensa, te lo dice. Es muy divertida, estamos ayudándola a adaptarse.

Ahora tenés más tiempo para estar con tu familia.

Sí, y eso es lo primero que planteé, que vamos a poder estar más tiempo juntos y está buenísimo. Además, yo no tengo despacho. Trabajo en casa. Lo que para algunos es complicado, a mí me resolvió la vida.

Tu marido es empresario y tiene negocios en el sur.

Es presidente de Hipertehuelche, una cadena de materiales de construcción. Desde 2007, cuando empezó a participar en política, delegó todo a los directivos de la empresa y él supervisa algunas cosas. El viaja al sur, sí. Hoy necesito estar mucho con mis hijos. Perdí mucho tiempo. La situación política y la lucha política en Santa Cruz me demandó mucha energía. Siento que necesito recuperar tiempo con mis hijos. De 2007 al 2015 no estuve con ellos como hubiera querido.

¿Pasan facturas los chicos?

El mayor, Carlitos. Felicitas tiene registro de su mamá trabajando de esto, el mayor no: se llevan 6 años. Yo fui una mamá demasiado posesiva, digamos, muy presente, no hacía otra cosa que estar con mis hijos y en mi casa. Hasta 2007 fue así, estudiaba Ciencias Políticas y era mamá full time. Pero de golpe, no les pude dedicar más el tiempo que les dedicaba. Los senté y les expliqué a los dos. Felicitas era muy chiquitita. A Carlitos no le gustó mucho porque a él le pasaron dos cosas: llegó Felicitas a quitarle el trono de hijo único y su mamá empezó en política. A él le costó un poco más y él sí me lo ha reprochado.

¿Sufrís machismo hoy en la política?

Intento todo el tiempo tratar de salir del lugar de víctima. Para poder cambiar el miedo por la esperanza en Santa Cruz tenía que tratar de mostrar, aunque sufriera muchas cosas, que podía ayudarlos. La persona que los podía defender, no podía mostrar vulnerabilidad. Pero la realidad es que a mí me costó mucho. Ser mujer es realmente una limitación importante y mucho más en Santa Cruz.

¿Qué fue lo mas difícil?

Tenía una muy buena situación económica, era joven y era “la mujer de…”. Esas tres cosas, que son prejuicios, son las que uno tenía que enfrentar. Entonces nunca milité dentro del mismo espacio político de mi marido. Fundamos con un grupo de personas otro espacio político que es la Coalición Cívica. Jamás usé el apellido de Eduardo, todo el mundo me conoce como Mariana Zuvic. Cuando me preguntan qué hacemos por el tema de género, creo que tiene que ver con el ejemplo. Porque lo mío hubiese sido mucho más fácil dentro del radicalismo, en el partido donde estaba también mi marido. En la historia argentina la mayor parte de “las mujeres de”, usan el apellido de sus maridos y hablan de cuestiones de género; es un tanto extraño.

Los hechos, los ejemplos.

Hechos. Me di cuenta que de esa manera fui empoderando mujeres, se empezaron a acercar. Vieron un espacio donde podían encontrar que se las valore.

Estás entre las mujeres que llevan las denuncias contra los Kirchner. No hubo prejuicio de género ni de parte de los jueces ni de los periodistas.

Hablo de Santa Cruz. A ver, ahí una mujer vehemente es vista como soberbia.

Hay otros prejuicios: un hombre es valiente pero una mujer no es valiente sino brava.

Sí, ¿y después sabés qué te dicen? Qué huevos (risas).

Otro lugar común: se admira al hombre con carácter, pero la mujer con carácter tiene “mal carácter”.

Exacto. Y está el problema de las mujeres machistas. Me ha pasado con mujeres que dicen defender cuestiones de género y cuando se refieren a mí lo hacen con connotaciones sexistas o machistas. Hay que tratar de predicar con el ejemplo.

Hay gente enojada y lastimada después de 12 años…Hay dos cosas que realmente son peligrosas y lo fueron durante 12 años: el rencor y el resentimiento. Hay muchas causas nobles pero tienen como vehículo el resentimiento. El kirchnerismo generó mucho odio, la llamada grieta es la semilla de ese odio que dejó. La idea es tratar de sanar, unir a los argentinos, es fundamental para reconstruir a este país. No tuvimos tiempo para reflexionar profundamente sobre lo que nos pasó. Hay heridas, y las heridas no se unen pegándolas con plasticola, se trata de curarlas.

¿Cómo se reparan esas heridas?

Se repara con justicia, no con especular si conviene meter preso a tal o cual. Como viene la mano hasta ahora, no veo que se esté direccionando para hacer justicia.

¿Si hubiera justicia Cristina iría presa?

Exacto.

Estás pidiendo esta semana que se cite a todos los jefes de gabinete de Néstor y Cristina Kirchner.

Sí, a todos. El tema es la estructura financiera. El fiscal Gerardo Pollicita lo dice muy claro: los presidentes pergeñaron un presupuesto direccionado a la provincia de Santa Cruz, le destinaron el 11,2% de la obra pública nacional, superando a la provincia de Buenos Aires. De ese 11,2%, el 80% fue a Lázaro Báez, es decir, Cristina y Néstor armaron un presupuesto para que vaya a Lázaro Báez. Además están los decretos de necesidad y urgencia, también direccionados a Lázaro Báez por Néstor y Cristina Kirchner y el fideicomiso que tiene una estructura extrapresupuestaria. De esa manera sortearon dentro de la ley administrativa rendiciones y responsabilidades, y por último, las asignaciones presupuestarias en manos de la totalidad de los jefes de gabinete de ministros.

¿Estuvieron involucrados todos los jefes de gabinete?

Absolutamente todos.

Además de compañera, colega, hay una amistad entre Lilita y vos, ¿no?

Yo la adoro, Lilita me salvó.

¿Cómo es tu marido? Veinte años es mucho tiempo.

Eduardo es un tipo con mucha templanza, muy inteligente, yo aprendí mucho con él, nos llevamos 13 años. El me ayudó mucho, y también tuvo que modificar muchas cosas de su estructura por tener la mujer que tiene. Tengo carácter fuerte. Juntos hemos crecido mucho. La verdad es que tomé la iniciativa en algunas cosas y él me acompañó, a regañadientes al principio y después las aceptó. Eduardo tuvo y tiene un rol muy importante, porque él arriesgó todo. De él dependen 2 mil familias, y hay un hito clave, cuando se quema el Hipertehuelche, en el año 2006, eso fue lo que a nosotros nos hizo caer la ficha de que teníamos que empezar en política.

Dirigentes y periodistas denuncian hechos de corrupción desde hace años, pero recién ahora la gente parece querer enterarse. ¿Por qué? 

Lo más grave que nos pasó a los argentinos fue la banalización del mal, la naturalización de las cosas. Los argentinos desactivamos el dolor. La gente desactivaba a quienes éramos portadores de las malas noticias, no quería. Ahora hay indignación, eso es buenísimo. Hay que empezar a revisar, a controlar, a observar, y a no delegar la totalidad del poder en la clase política.

Por María Laura Santillán para Clarín